Western Flag (Spindletop, Texas) 2017
John Gerrard
John Gerrard
Western Flag (Spindletop, Texas) 2017, 2017
Single-channel software simulation
Overall dimensions variable
Commissioned by Channel 4, in partnership with Somerset House
Thyssen-Bornemisza Art Contemporary Collection
Installation view: John Gerrard: Western Flag (Spindletop, Texas) 2017, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid, Spain, 2019
© VEGAP, Madrid 2026 | Photo: Roberto Ruiz | TBA21
- Fecha
- 2019
- Medio
- Software simulation
- Dimensión
- Overall dimensions variable
- Crédito
Commissioned by Channel 4, in partnership with Somerset House
TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary Collection- Esta obra de arte forma parte de la donación y el préstamo a largo plazo de TBA21 al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
Detalles
“Uno de los grandes legados del siglo XX no es solo la explosión demográfica o la mejora del nivel de vida, sino también el enorme aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Una nueva bandera trata de dar a este gas invisible, a este riesgo internacional, una imagen, una forma de representarse. Me gusta pensar en ella como la bandera de un nuevo tipo de orden mundial”.
Encargada originalmente por Channel 4 para conmemorar el Día de la Tierra en 2017, Western Flag (Spindletop, Texas), de John Gerrard, se ha instalado desde entonces en distintos lugares del mundo, funcionando, con gran sencillez visual, como una señal de alarma simbólica ante los efectos irreversibles del cambio climático provocado por la actividad humana sobre nuestro planeta. Concebida inicialmente como una obra disruptiva que se emitiría en breves intervalos entre la programación habitual de Channel 4, Western Flag toma de la publicidad buena parte de su estilo y de su énfasis en la simplicidad: la fuerza de la obra reside en su capacidad para transmitir su mensaje a pesar de la posible brevedad de su aparición. Desde aquellas primeras emisiones, Western Flag ha podido contemplarse durante períodos más prolongados en instalaciones presentadas como escultura pública en Somerset House, Londres, en 2017, y en Rathausmarkt, Hamburgo, en 2019, así como en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid y en Desert X, Coachella Valley, sur de California, ambas en 2019.
Sin embargo, en muchos sentidos, su origen en el ámbito publicitario sigue determinando la naturaleza de la obra y configurando su funcionamiento y su forma de presentación, con independencia de las particularidades de cada instalación. Como otras obras de Gerrard, Western Flag es una simulación informática: materialmente consiste en un software instalado en una pantalla LED, un soporte también procedente del ámbito publicitario, que permite contemplar la obra tanto a plena luz del día como en entornos más oscuros. La obra muestra una bandera situada en un punto señalado del emplazamiento del “Lucas Gusher”, el primer gran hallazgo petrolífero de la historia moderna de Estados Unidos en enero de 1901 en Beaumont, Texas. El descubrimiento de Spindletop, que llegó a liberar petróleo a un ritmo estimado de 100.000 barriles diarios, acabaría triplicando la producción de crudo en Estados Unidos. La bandera de Gerrard, que representa lo que él considera una forma de “escultura invisible”, es una creación virtual implantada en una reproducción virtual de un lugar real, construida a partir de datos e imágenes obtenidos de entre 10.000 y 15.000 fotografías tomadas mediante un estudio con dron de la zona seleccionada. Sobre un paisaje sincronizado a tiempo real, la bandera desprende humo negro, dando forma visible a las nubes de CO2 liberadas a la atmósfera por la industria petrolera, mientras el sol sale y se pone de acuerdo con el huso horario de Texas. El humo, que ondula de manera constante a medida que el día da paso a la noche, contribuye a generar una sensación de duración propia de una obra de imagen en movimiento.
Un aspecto fundamental del proceso, de los componentes tecnológicos y del carácter elemental de la obra es que no puede definirse con los términos que suelen aplicarse al cine, la película o el vídeo: “la única duración que tiene esta obra es energética: necesita recibir energía para existir”. Aunque las obras de Gerrard parecen películas o vídeos, utilizan gráficos informáticos en tiempo real desarrollados por el ejército y empleados habitualmente en la industria de los videojuegos para recrear lugares reales en tiempo real, en lugar de los escenarios ficticios que sirven de fondo a las narrativas de los videojuegos. Los resultados, como ejemplifica Western Flag, son sumamente convincentes y podrían entenderse como paisajes de simetría o reflejo virtuales. Como ha señalado Emily Hall en un texto publicado en Artforum, la extraña combinación de conceptos, materiales y temas que confluyen en Western Flag refuerza el carácter, en última instancia, provisional de “las cosas que damos por sentadas”, especialmente el petróleo y todo aquello que nos proporciona: comodidad y movilidad. En ningún lugar resulta este paralelismo más significativo que en la absoluta impermanencia de la imagen producida por la obra. Al describir su proceso, Gerrard ha escrito: “fundamentalmente, aunque esto parezca cine como tal, no hay ninguna imagen ‘rodada’, ningún registro de cada imagen. Las imágenes se producen y se descartan al instante.
En cierto sentido, el único registro de ese momento en el tiempo es la relación del público con él, de manera similar a la relación del público con lo real. Destella en ‘el ojo de la mente’ y después se pierde y permanece como recuerdo”. Su proceso constituye así otra de las formas en que Western Flag recurre al conjunto de técnicas psicológicas utilizadas en la publicidad de consumo, produciendo una imagen mínima pero estimulante, capaz de mantener su impacto mucho después de haber desaparecido. De este modo, y años después de su primera emisión televisiva en Channel 4 en 2017, Western Flag continúa funcionando como una advertencia sobre la destrucción, los conflictos por los recursos y el deterioro medioambiental para todos aquellos que conservan su imagen después de encontrarse con su inquietante realidad virtual.
— Elsa Gray